"Los perros también van al cielo" tenía Sofía, una nueva amiga, escrito en su nip del messenger. Semejante declaración para mi era para mi una invitación al debate, al intercambio de ideas, a tener una rica discusión. Ella seguramente tenía sus razonamientos que la llevaron a concluir eso y yo los míos que me llevaron a una diferente conclusión. Así que no me esperé más y le escribí para empezar la discusión: "no es cierto, los animales no van al cielo...". Ella empezó a defender su punto, pero mis contra argumentos refutaban cada punto que ella daba. Para cuando terminé de presentar mi caso, era obvio que había ganado la discusión. ¡Yes, yes, yesssss! exclamé en señal de victoria.