Realmente era el mejor elemento que teníamos en el equipo: su habilidad para las relaciones y su gran competencia le ganó responsabilidades de administrador de la agencia en poco tiempo. Atendía a clientes y a agentes, capacitaba a los nuevos integrantes, supervisaba cobranza, resolvía problemas con los trámites, e incluso, si fallaba algún equipo de cómputo, él lo arreglaba. Con el tiempo se le delegó también un área muy delicada: la del pago de comisiones a agentes y de nómina a empleados, la cual desempeñó con su usual competencia por casi dos años... hasta que cayó en la tentación y comenzó a robar.